La nostalgia y el vacío

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Del vacío  poco puedo decir,
aunque tantas  presencias se convirtieron en ausencias,
y ellas me invitan a hablar; mientras les sirvo una copa de buen vino, mi pensamiento conversa con fantasmas de hermosas formas y alegres sonrisas.

Mi vida esta inundada  de recuerdos,
mis palabras se convirtieron en este  tétrico conjuro contra el olvido.

Mientras escucho  como delira el violín  en el adagio de la Sonata 1 en Sol menor de Bach,  mientras mi pasado es un sinónimo del humo que fumo;  parece  que mi imaginación  evanescente se adueña de mi realidad. Solo la armonía de Bach puede calmar este  estado febril de angustia y a la vez recordarme mi delirio, todo en la misma melodía.

“El olvido es tan largo y el amor tan breve”, decía aquel poeta; amanecí y mi cama era  infinita  como el universo, un lugar que da vértigo, un lugar frío, vacío, cruel, sin oxígeno ni gravedad; amanecí abrazando la obscuridad, desperté pensando que la muerte, es el único remedio ante el deseo sin freno. Desperté y recordé la frase de aquel  poeta: “navegando con nadie al timón, en el mar del delirio”.

Del vacío poco puedo decir,
solo que recuerdo a quien ya no me acompaña  y alucino instantes,
solo que  esto que llamo  soledad ubicua;  esta llena de fantasmaticas  y hermosas compañías, la ausencia y la presencia nunca son estáticas; además  desconfío de todo aquello que se le atribuya la categoría de absoluto.

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