La muerte y los vicios.

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¿A quien le importa que uno tenga sus vicios?
Si después de todo, pero después de todo; al final de la vida,  a la hora del encuentro con el invisible Dios, la desesperación gobierna a la especie.

Los creyentes dicen que  mueren felices, algunos otros muy temerosos, los ateos se van pensando en el sentido de sus actos, los científicos piensan transformarse en su amante; la naturaleza muerta, sin ser , inerte como una piedra, los cínicos se van riendo, los melancólicos y los tristes llorando. Los agnósticos  se van dudando, los filósofos pensando, los desesperados suplicando, los suicidas suspirando, los enamorados esperando, los locos aullando, los poetas delirando, los ordinarios rezando, los culpables teniendo miedo, los que perdieron un hijo sonriendo y viéndolo, los que perdieron un amor sufriendo.

¿Para que quiero vivir más años?
si la esencia de la vida consiste en ser pasajera y breve, si mi fantasía inventa otra vida por resentimiento ante él  desencanto, si  no puedo ser artista, ni original, ni trascendente.

Mientras mis horas siguen danzando su precipitado paso al precipicio, mis horas  que  desperdicio   lentamente; mi vida se transforma en una mujer hiriente, pronunciando  sus peores injurias durante algún terrible enfado.

Mientras escribo  la vida no vuelve, como la mujer que me abandonó  para siempre;
mi deseo se va  también, mis oportunidades también;  mi vida se escapa en cada verso,  en cada instante, en cada detallado  momento, la vida se me fue por siempre mientras me dediqué a pensar en esto.

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