En busca del arte perdido

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En un antiguo viñedo,  entre las ruinas de las Termas de Tito, Laocoonte estaba sepultado. La inigualable y magnífica escultura, llevaba bajo la tierra mil años, quizás más.

Dos metros con cuarenta y cinco centímetros de aquel único bloque de marmol blanco tallado por: Agesandro Polidoro y Atenodoro de Rodas.

Plinio el viejo, dijo cuando aun se mostraba al inmortal mármol en el palacio de Tito, hacia el año 70:

« Debe ser situada por delante de todas, no solo del arte de la estatutaria sino también del de la pintura. »

Aquel día, desenterraron el arte perdido durante tantos años, aquella hermosa estatua inspirada en aquellos mitos paganos y prohibidos. El ostentoso papa, el mismo Miguel Angel Buonarroti, aquel divino artista más recordado que los representantes de la iglesia,estaban ahí, aquellos príncipes de la iglesia  que se creian dueños del mundo real e imaginario de aquellos tiempos; estaban presenciando un salto milagroso de la historia, el marmol imperecedero que persiste, aquella sublime materia que permanece a diferencia de nuestros organicos cuerpos, el arte olvidado heredado de los clasicos Griegos.

Nadie mejor que Virgilio para describir la magnífica obra de arte:

«Ellas, con marcha firme, se lanzan hacia Laocoonte; primero se enroscan en los tiernos cuerpos de sus dos hijos, y rasgan a dentelladas sus miserables miembros; luego arrebatan al padre que, esgrimiendo un dardo, iba en auxilio de ellos, y lo sujetan con sus enormes anillos: ya ceñidas con dos vueltas alrededor de su cuerpo, y dos veces rodeado al cuello el escamoso lomo, todavía exceden por encima sus cabezas y sus erguidas cervices. Pugna con ambas manos Laocoonte por desatar aquellos nudos, mientras chorrea de sus vendas baba y negro veneno, y al propio tiempo eleva hasta los astros espantables clamores…»

Virgilio, Eneida

Aquel día, descubrieron y desenterraron una expresión inmortal, la inmortalidad del dolor más humano y mas terrible, perder un hijo no tiene nombre; pero si tiene un rostro, el de Laocoonte,el rostro de un padre intentando salvar a sus hijos, el mito convertido en arte, la escultura que vence al olvido y se inspiró en la antigua historia de Troya.

La expresión inmortal y arquetipica de la desesperación más profunda,era el debate de aquella sociedad renacentista,redescubrir el arte perdido durante la edad obscura,  el arte perdido a causa  del fanatismo religioso y la barbarie. La ironía resultó que el «santo padre en turno», Julio II, terminó comprando la estatua inspirada en los politeistas dioses griegos

Libros y más libros, miles de voces del más culto latín  eran descubiertos en aquel renacimiento.

Habían pasado mil años de fanatismo, religión y una fatua oscuridad; el hombre creyó que lo supraterreno importaba más que lo terreno, el hombre dejo de hablar una lengua culta para hablar múltiples lenguas bárbaras, el humano olvidó en nombre de un Dios que seguía enviando fatalidades como enfermedades incurables, algunas pestes, olvido su cultura y se puso a vivir y esperar inmortalidad, aunque el precio para obtenerla fuera ser: demasiado inquisitivo en muchos aspectos.

Y un milenio después, cuando tenemos motores de combustión, maneras inalámbricas de comunicarnos, paneles solares, hoy que muchos afirman vivir en la mejor época de la historia, me pregunto: ¿donde esta nuestro arte perdido?, ¿donde está el renacimiento de nuestro espíritu?, ¿se escuchan voces denunciando la barbarie de los seres que solo buscan el dinero y el confort?, ¿tenemos un nuevo sentido para la existencia de la humanidad?, o quizás ¿nos fue amputado el espíritu?

La intención de hacer del arte la unica posibilidad de ganarle alguna partida al olvido, ¿nos recordarán en quinientos años como una gran época que significo un renacimiento a una gran obscuridad religiosa?, ¿encontramos mas originalidad y trascendencia en lo antiguo que en lo moderno?, ¿el fin uniformado de la masa de humanos del nuevo milenio, acaso no es tener dinero y confort?

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