La octogenaria

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Ella suele dejar las luces encendidas toda la noche, lo comenzó a hacer despues de los ochenta; como si fuera una niña, le asusta la obscuridad, solo que ahora sabe perfectamente que lo que le asusta es la eternidad.

Sabe, maldita sea sabe perfectamente, que su cita con la muerte se acerca, pero no puede dejar de amar la vida; quizás el amor, es el unico sentimiento que puede despistar al terrorífico olvido.

Seguramente deja la luz y el televisor encendidos, por que siente la obscuridad muy cerca.

Yo le cuento, aunque mi pensamiento es un barco sin timón en el mar del delirio;«haces bien en creer en la muerte» ,  el maestro: Jorge Francisco Isidoro  Luis  Borges Acevedo, enseñaba que ningún bípedo soportaría ser eterno.

Le dije esta noche: «la vida es un sueño, un poco de ruido furia, también un laberinto cuyo final es el misterio.

 

 

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