LOS PERROS SALVAJES DE LA MADRUGADA.

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Ahí estaban en el parque, a media madrugada aullando. Tres perros destrozaban una bolsa de basura, y mientras les observaba sonreía.

Parecían una pandilla de salvajes, desadaptados, hambrientos, desposeidos, alimentandose de los desperdicios del consumo de algún bípedo, aquellos perros salvajes de la madrugada.

!Y entonces comprendí que hasta las bestias en su miseria, aullan en manada libre¡, comparten su comida, le gruñen a los bípedos hostiles que les golpean, le ladran a la sociedad y su orden, a su limpieza, a sus clientes, a sus comensales, a la acostumbrada crueldad humana. Esos perros son desechos sociales, y aun parecen felices, juegan de madrugada y no se matan a mordidas  por un hueso de la basura.

Aquellos perros salvajes, vagabundos, aquellas criaturas que son distopias sociales, aquellas criaturas sin nombre que me enseñan tanto, aquellos compañeros de Diogenes el vagabundo cínico. Aullaban y jugaban en la madrugada, mientras yo sonreía, continuaba bebiendo y les alimentaba.

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