El medioevo

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Ser completamente ignorado en las calles, ser el mejor ejemplo de todo aquello que se diluye en estos tiempos, tener amistades virtuales que supuestamente son, pero no están, que supuestamente están, pero sólo son un texto más.

Buscar en espacios digitales, la oportunidad de seducción, que ni por error me sucede en los bares, ser considerado un completo perdedor para los criterios con los que se mide éxito de la sociedad actual.
Hablar con otro ser humano en espacios digitales: que absorben, pero jamás extinguen la inmensa soledad y vacío de está época. Estos días, que serán históricamente recordados como un medioevo más, estás sociedades que en la posteridad, serán entendidas y juzgadas como aquellos tiempos donde el sentido de existir se enajeno a la idea de un Dios, que influía y controlaba  su supuesta realidad, su interpretación  de la misma.
En estos tiempos, el nuevo dios es: “la virtualidad, la red social”, escucha todas las confesiones y las registra, los momentos importantes , el transcurrir del tiempo. Él nuevo dios nos hace creer que somos escuchados por algún semejante. Pero nadie puede escucharte sin mirarte, sin estar, sin hacer presenté su silencio, su cuerpo, sin compartir su vida y su tiempo, recuerden que las apariencias de los cuerpos, deforman la interpretación que hacemos de la realidad. El nuevo dios es una red invisible de datos , donde la gigantesca mayoría, incluimos algo que querremos compartir con el semejante, con el otro. El dios que no prometió inmortalidad o plenitud, si no simple y llana expresión de la cotidianeidad, un placebo ante el aislamiento.
Los humanos estábamos tan solos, tan desesperados, que hasta las personas supuestamente ajenas a la virtualidad , comenzaron a cambiar su postura respecto al uso de la misma. Inclusive las antiguas religiones se difunden por medio de las pantallas pequeñas.

¿Por que hablo virtualmente?, ¿porque interactúo con algunos amigos que ya no están?, pero habló con ellos por medio de una pantalla, ¿por que exponerse a un público desconocido en su mayoría?
Sentir la inmensa soledad que se expresa en millones de pequeñas pantallas, saberme perdido en la inmensidad del silencio de mi habitación, la humanidad para mi no progreso, los miles de solitarios y pobretones como yo, los millones de extraviados en este tiempo, naufragamos en el océano virtual de la incomunicación.
Y muchos vivimos y morimos solos, enajenados; con un televisor encendido desde la infancia, respirando aislamiento, gritando a los cuatro vientos que la vida está en otra parte, con los placeres restringidos por la nueva moral de la imagen en turno, placeres para los bonitos y los ricos, los feos y los sórdidos deben ser controlados, aislados. Con una consola de videojuegos que nos invita a dejar de pensar, cambiando al mundo opinando en redes sociales, a sabiendas que en la calle no hemos cambiado nada tampoco, mendigando atención, suplicando ojos y oídos, ocultando el llanto, la desesperación, dejando sólo huellas digitales en el mundo.
Saber que la ciencia no nos salva de morirnos, nada me salva de envejecer horrorizado por la pérdida crónica de los placeres físicos, horrorizado por el maltrato y desprecio cotidiano entre seres humanos, por hacer un sinónimo de la palabra soledad, la palabra fracaso, vivir y morir sin importarle a los demás es el fracaso más rotundo de esta época, y pocos asumen que en verdad, a casi todos les pasa, ya poco importa lo que nos hace humamos a cualquier persona.
La trascendencia, el arte, contemplar, valorar, leer, pensar, soñar, escribir, admirar a los ancianos por viejos y sabios, todo esto se diluyó. El deseo de los 300 Espartanos, era ser recordados por siempre, por defender su libertad, los Griegos inventaron la libertad; el deseo de mi sociedad, es verse mejor y acumular lo posible durante la vida entera, estar cómodo es el sinónimo de felicidad, ni siquiera se entiende a si misma esclavizada por su sistema económico en turno, privada de su libertad por alguien, mi sociedad es felizmente sometida.
Y creo conocerme bien, al menos intente ser de este modo una especie de heredero deformado de la cultura occidental y Helena.

Consternado por el humor negro convertido en el humor burdo de mis tiempos, sin poder ser un animal, sin poder ser un hombre, repleto de dudas, ajeno completamente a las certezas, desposeído de cualquier riqueza, con las ideas atascadas, haciendo de mi soledad un deliro hablante, exhalando humo placentero pero cancerígeno, gosciente de mi propia muerte, distraído, abismado, proscrito de la suerte, abrumado, un ser que vive de fantasías y sueños, que su vida es una derrota constante, un alma deseante cual Sísifo levantando su roca, un ser que descubrió que sólo a través de la utopía, a través de escribir un residuo y un lamento de su vida, pudo pensar un mundo completamente distinto a este , donde la utopía existe, y la vida es tan bella que se puede desear por siempre, un mundo donde lo racional no sea pensar en morir, sino querer vivir siempre, un mundo donde no de vergüenza desear, ni sea un mérito poseer, un mundo donde todos saben sus virtudes y sus abismos, y se puede sonreír y llorar, y se puede ser alegre y trágico.Descubrí que los antiguos habían vivido las vidas que yo no podía vivir, y me hice un hombre de utopías y de libros, puesto que la vida está finalmente en las palabras, puesto que la vida es una historia más, y alguien me contó que estamos hechos de historias, aunque ya pocos quieran saber de ellas, y entonces empecé a escribir con sangre del alma, por que viví en el medioevo postmoderno, donde las imágenes importaban más que las palabras, donde las palabras ya no eran leídas sino vistas, donde la literatura escaseaba , y las ideas eran muy uniformes y enajenadas, un lugar donde la vida estaba en otra parte..

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