Una mañana sórdida

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Una mañana sórdida, una mujer hermosa amaneció muerta en sus sábanas de seda, parecía que había estado ebria de imágenes por que tenía un teléfono inteligente en una mano inmóvil, petrificada, tenia pupilas azules ausentes, su nombre era Poesía.
Ella decidió quitarse la vida, quizás por aburrimiento, quizás por vivir en los primeros años del nuevo milenio. El ser humano, se acostumbró a ver imágenes en teléfonos inteligentes, a decirle verdad a las imágenes e interacciones que puede realizar ahí, en ese mundo virtual, por supuesto, sus sociedades y sus lugares comunes, cada vez se hicieron más fríos y abismalmente aburridos, solamente faltaba que los amantes se grabaran teniendo coito, sus conversaciones sobre un mundo enajenante en sociedad, sus diversiones mediadas por la tecnología, su exhibicionismo ante una epidemia de soledad inmensa, le provocaron un brutal desconsuelo a tan hermosa y bella mujer.
Sonaba La Plus que lente, de Claude Debussy, aquel sórdido día; una mujer llamada Poesía hermosa como ninguna, se suicido con pastillas que los médicos prescriben para la tristeza crónica y algo de alcohol. Algunos amigos suyos llamados: Mito, Fantasía, Metáfora, Sueño, murieron de sobredosis de televisión y tranquilizantes, todos ellos envejecieron en una sociedad tan materialista que considera despojos a los ancianos, que hacía dos semanas, durante otro día abrumadoramente solitario y sórdido, decidieron tomar demasiadas pastillas también.

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