El psicoanalisis no es para todos.

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Para abordar un discurso sobre el psicoanálisis, habrá que aclarar, en primera instancia, que el psicoanálisis no es lo mismo que psicología. En segunda instancia, se dirá que el psicoanálisis, al no ser lo mismo que psicología, se dirige a otro objeto de estudio, a partir del cual movilizará su quehacer <<psicoanalítico>>. Este objeto de estudio <<nuevo>> propuesto por el psicoanálisis no es otro sino el inconsciente <<das unbewusste>>, mientras que la psicología, por el contrario, lejos de afianzarse en el estudio de un solo objeto de estudio, se ha abocado a la búsqueda de un eclecticismo que la sostenga como saber, por lo tanto, ante la pregunta de ¿Qué estudia la psicología? “Más que faltar han sobrado las respuestas: ‘el alma’, ‘el espíritu humano’, ‘la psique’, ‘la actividad psíquica’, ‘la conciencia’, ‘el mundo interior’, ‘la actividad nerviosa superior’, ‘el mundo moral del hombre’, ‘la conducta’, ‘el comportamiento, ‘el inconsciente’, ‘la personalidad’, ‘el hombre concreto’ y hay más” (Braunstein N. , 2013, pág. 22)
Ahora bien, en esta diferencia constitutiva no sólo se pone en juego la discursividad desde la cual se definirá qué es psicología y qué es psicoanálisis, sino que, a su vez, se plantea cómo estos dos dominios del campo de la episteme se desenvuelven en su quehacer práctico.
Por ejemplo, la psicología, partiendo de sus premisas colonizadoras del pensamiento, ha afirmado, a través de sus agentes, dispositivos e instituciones, que todos los individuos tienen que ir, al menos una vez en su vida, al psicólogo. La pregunta que surge tras esta afirmación es ¿Para qué?
Tras las críticas del movimiento anti-psiquiátrico, la psicología ha sostenido la postura de ser y/o producir un saber neutro al servicio de la sociedad, que, partiendo de sus postulados psicopatológicos, propone metodologías para pensar las condiciones de vida en relación con el estatuto de bien-estar. En ese sentido, la psicología aunada a la psiquiatría, y en tiempos recientes a la neurología, ha pretendido posicionar su saber como un saber objetivo ajeno a cualquier ideología, es decir, sostenerse en el hecho de sólo trabajar en nombre de la ciencia sin la injerencia política, ideológica o de mercado. Pero ¿No es esta postura sostenida en el margen de lo apolítico también una postura política ? En otras palabras ¿No es esta postura explícita una muestra más de la correspondencia entre la práctica política y científica? Pues “esta exterioridad, en la que la ideología se materializa de forma directa, también se oculta bajo el disfraz de la <<utilidad>>” (Zizek, 2011, pág. 8). Y es que ¿Cuántas veces no se ha escuchado el argumento científico que pondera que la ciencia es el instrumento del saber? Por lo tanto, la relevancia, la importancia y, sobre todo, el interés esencial que reside en los intentos de hacer ciencia es porque <<sirve>> a la humanidad. Se observa, pues, que la ciencia y, por ende, la psicología (desde su posición científica) responden a un utilitarismo político-económico.
Lo que pretende decirse entonces es que si todos los individuos deben ir al psicólogo, al menos una vez en su vida, es porque ir al psicólogo <<sirve>> y es <<útil>> .
Por consiguiente, la <<utilidad>> y el <<servicio>> de la psicología alcanzan sus metas al lograr bajar los índices de depresión, prevenir el suicidio, intervenir las crisis, controlar las emociones correctamente, etc. O sea que la tarea psicológica es volver <<útiles>> y <<serviciales>> a los <<inútiles>> e <<inservibles>>. Esa es su <<utilidad>>. Es <<útil>> mientras exista un sistema (político, económico, ideológico) que establezca y determine lo <<utilitario>> a través de la psicología, o, mejor aún, la psicología es <<útil>> para el sistema mientras determine sistemáticamente, mediante sus taxonomías, lo <<útil>> y lo <<inútil>> e <<inutilice>> a los individuos haciéndolos <<útiles>> para el sistema (por medio de sus terapéuticas).
En un sentido totalmente contrario, y siguiendo estos patrones, el psicoanálisis <<no-sirve>>, pues en tanto existan medidas y lineamientos -<<serviles y utilitarios>>- para todxs, el psicoanálisis no encontrará cabida, debido a que su postura fundamental es el no-todo. Y en oposición a la premisa incluyente de todxs, el psicoanálisis postula la falta. Es decir, si para el psicoanálisis no hay todxs es porque hay <<falta>>.
En consecuencia, desde el psicoanálisis, no hay una propuesta para que todxs se tiendan en el diván del psicoanalista, así como tampoco la hay para que todxs sean psicoanalistas. El sentido de plantear una propuesta de esa magnitud involucraría el cuestionamiento ¿Para qué?
Es por esta razón que el psicoanálisis, sostenido en la premisa de la falta pro-motora de un deseo inconsciente, no puede corresponder a las demandas de un <<utilitarismo>> ya que “la raison d’ être del deseo (…) no es alcanzar su objetivo, lograr satisfacción plena, sino reproducirse como deseo.” (Zizek, 2011, pág. 51)

 

 

 

Notas al pie:

“Puesto que, “no solo (…) la ideología impregna los estratos de la vida cotidiana supuestamente ajenos a la ideología, sino que la materialización de la ideología en la materialidad externa revela antagonismos intrínsecos que la formulación explícita de la ideología no puede permitirse el lujo de reconocer” (Zizek, 2011, pág. 8)
De esta forma, tiene sentido que en algunas corrientes de psicoterapia el terapeuta se dirija al paciente como <<usuario>>.”

Braunstein, N. (2013). El Objeto de la psicología. En N. Braunstein, M. Pasternac, G. Benedito, & F. Saal, Psicología: Ideología y ciencia. México: Siglo XXI.
Zizek, S. (2011). El acoso de las fantasías. Madrid: Akal.

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