FACEBOOK O FEMINISBOOK

126796-125696

 

FACEBOOK O FEMINISBOOK

Víctor Hugo Espino Hernández.

 

Comenzaré diciendo que la red social llamada “Facebook” me permitió el acceso a la presentación de este ensayo, con lo cual ya casi todo está dicho sobre el tema: ¡Las redes sociales nos permiten vincularnos con nuestros semejantes! Pero… (casi siempre hay un “pero”)

¿A qué le llamamos semejante? ¡Aquellos que concuerdan con nosotros! A los que nos contradicen, a los que nos hacen pensar, a los que nos “limitan”: hay que quemarlos. ¡Echarlos a los leones!

¿Cuál es el problema, entonces, de que alguien, por muy buena persona que sea, sea, valga la redundancia, considerado un obstáculo? La humanidad que el otro transmite nos parece intolerable. El vagabundo no es bien recibido en nuestro hogar. Estos lugares íntimos: la casa, el cuarto, el cuaderno de notas, la computadora, el celular y el Facebook constituyen casi por completo nuestra personalidad. A veces, tras el robo de celular no preocupa la pedida del aparato, sino la sesión de Facebook abierta. ¿Tan vulnerables somos? ¿Entonces a que le llamamos humanidad cuando usamos las redes sociales?

La persona que deseo conquistar es tan predecible cuando reviso su muro y, por mera casualidad, toda su información y actividad es pública. O la maravilla de tener un amigo común y acceder al poco espacio personal que deja traslucir su red social. Luego, todo es fácil: me entero de sus gustos, sus palabras, su afición compartida de odio hacia el gobierno, sin embargo, no todo es maravilloso: sus fotos me muestran que alguien más comparte alegremente con él o ella su tiempo. ¿Qué pasó entonces?

El usuario que pretende conocer por medio de las redes sociales a la persona que desea conquistar se percata del gran fracaso que le espera. Facebook no le aporta nada claro. La foto de perfil muestra siempre la careta, la búsqueda de ser existente en el mundo virtual. La foto de perfil no muestra un ser verdaderamente pleno y ampliamente cristalino, sino una postura, una actitud, un ideal, o como lo dice la filosofía imaginativa: nuestra visión del mundo nunca es completa, no es total. La imaginación muestra que podemos también a través de ella ver el mundo, una parte de él. Pero, las redes sociales posibilitan la imaginación, hacen de ella un modo de ver, una forma de percibir el derredor, y aunque el usuario de Facebook busque eliminar su rostro como construcción imaginativa, siempre muestra que es su propia personalidad la que decide qué hacer. Los disfraces y atuendos para engañar a los demás están siempre vertidos hacia el exterior. Por eso, es importante mostrar una marca, un gusto, algo que los demás puedan considerar valioso, y, por ende, aceptable. Entonces, la aceptación se convierte en el puente de vinculación entre seres humanos. De ahí que en el principio de este ensayo se haya dicho que las redes sociales nos vinculan con nuestros semejantes.

La excepción es lo que rige la vinculación. Por ello, en las redes sociales no hay empatía por la humanidad, aunque existan videos que denuncien el horror humano: habrá una postura a favor y una en contra. ¿De dónde nace pues el amor a la humanidad? No nace de la empatía. Hasta donde yo sé nadie ha amado a la humanidad sin reprocharle algo. Buda denunciaba la falta de felicidad en lo humano, él buscaba minimizar el dolor. Osho le reprochaba a la humanidad su fugacidad, su rapidez, su falta de meditación para reencontrarse con uno mismo, ser uno mismo en medio de lo caótico. Y así podríamos ir repasando cada uno de los personajes ilustres que supuestamente “aman” lo humano.

Hace unos días atrás fue asignado miembro del Colegio Nacional un tipo llamado Christopher Domínguez Michael, su pertenencia a este colegio ha causado una controversia sin igual. La mayoría de mujeres le señalan como un tipo perturbado y misógino, y algunos hombres le increpan de inepto y energúmeno. Pero, es la posición en la que se encuentra la que causa envidia. Cualquiera desea estar en su lugar, cobrar el sueldo que él gana y vivir como él vive. Pero, nadie está de acuerdo en contraer sus enfermedades, sus males; o para decirlo con mayor certeza, nadie quiere ser él:vivir en su pellejo y en su persona, tener su cara, su cuerpo, su miembro. Todos están a gusto en ser lo que son. Este es el mayor logro de Facebook: ¡Nos invita amarnos a nosotros mismos! A menos que existan modelos establecidos por el capitalismo que valga la pena imitarlos.

Ahora bien, en Facebook, una mujer de casi medio siglo de edad expuso una petición en change.org pidiendo al presidente de la república, Peña Nieto, que hiciera un Colegio Nacional exclusivamente para mujeres. ¿Qué se creó con este tipo de petición? El rechazo y el odio de algunos lectores a esta petición, y el aplauso y el apoyo por parte de las lectoras. ¿Es absurda esta petición? Por ahora, no diré si es absurdo o no, o si es algo descabellado o no, o si es una petición débilmente racional, porque yo no sé en primer lugar qué es más racional si la petición de esta mujer o la economía que vive nuestro país.

Bien, la mujer al realizar su petición pensó, desafortunadamente, en ella más que en su prójimo. Sin embargo, se dio la tarea de compartir en la mayoría de grupos de Facebook su petición. Luego, le apoyaron las mujeres que compartían su pensamiento, a pesar de que algunas de ellas jamás aspiran a ser parte del tal colegio nacional de mujeres: ¿esto es incongruente? ¿Entonces, la humanidad es empatía?

 ¿La empatía que genera entre las mujeres esa petición es producto del humanismo? No lo creo. En primer lugar, comparten experiencias similares. Quizá, maltratos psicológicos producidos por una experiencia machista o si se me permite llamarle: varonil, suena mejor. En segundo lugar: se comparte el odio contra la injusticia, pero nadie se percata que induce a la injusticia el acto de omitir la “otredad” del coetáneo. Sea como fuere, el caos que genera la divergencia de opiniones nos conduce a relacionarnos solo con aquellos que tienen semejantes comentarios como los nuestros. Por eso el enlace en Facebook siempre se logra a partir de los gustos. Es tan fácil observar una imagen, “meme”, y pincharle en el botón me gusta para que la persona que lo publicó sepa que yo estoy, de cierta manera, apoyándolo.

Quizá, el movimiento feminista no tendría tanta relevancia sin la existencia de Facebook. En esta red social, no hay punto de partida donde se pueda saber qué es “verdadero” y qué es “falso”. Casi todas las noticias que en ella se propagan son visiones cerradas para mentes estrechas. ¡Y qué decir de la señora Berman! ¡Defiende la creación de un nuevo colegio nacional para mujeres sin ningún argumento racional! ¡Vaya que la situación del país está en óptimas condiciones para la construcción de tal monstruosidad! ¿Acaso, la señora Berman se ha olvidado de cuál es el precio del gas elepé actualmente? ¡Ah, demos gracias al periódico Universal que patrocina el gas elepé de la señorita Berman! ¡Ah, demos gracias que no le patrocina los libros que lee! ¿Qué sería de nosotros, entonces, al leer su columna periodística?

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *