Sobre la actitud filosófica

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Sobre la actitud filosófica

Víctor Hugo Espino Hernández

 

El pensamiento es lo opuesto a la demencia, y de los opuestos se escoge uno y se huye el otro, como también el sentirse mal es detestable y en cambio preferimos el tener salud.

Jámblico.

 

En estos momentos, cada uno siente completa seguridad de desempeñar un papel importante para la vida, o por lo menos, así lo demuestra cada uno en sus redes sociales. Perder la inocencia es algo que hoy en día ya no importa mucho. Lo que más lamenta el ser humano actual es no poseer un estatus claro e inconmensurable frente a tipos desconocidos o frente a personas con actitudes que se acercan más a la ruindad que a la actitud filosófica. La clave de una vida feliz está en manos de la acumulación de capital.

Pitágoras consideraba que la filosofía debía exhortar al hombre, delimitando actitudes pesimistas o sin sentido para el desarrollo vital y coherente. Existían grados para acceder al mundo filosófico. El primer grado era la moderación hacia las cosas comunes. Allí donde cualquiera quería comer excesivamente se hacía presente esa máxima bien deglutida en la cultura judía: “Y pon cuchillo a tu garganta, Si tienes gran apetito.” (Proverbios 23:2)

Una forma de recluirse en uno mismo es a través de la comida indirectamente mezclada con la bebida. La panza se llena de un sabor agradable de agua mezclada con alcohol u otra sustancia dando como resultado un vapor que sube al cerebro. Varios filósofos hablan de lo verdaderamente maravilloso que es el vino, no exhortando su consumo, sino alabando los resultados que obtenían los grandes hombres al beberlo. El segundo grado era aquél en donde el investigador se hacía consciente de su tránsito, lento pero seguro, de lo inferior a lo mayor. Cualquier anomalía en el progreso era culpa del investigador. Percibir el ser de uno mismo como algo malvado o como inicuo en el camino que conduce hacia el bien era el resultado de fracasar en el intento de vivir filosóficamente. Los últimos grados envolvían el conocimiento de uno mismo junto a la naturaleza y a la intención, siempre perfecta, del bien en un completo circulo que daba la sensación de vivir el cielo en la tierra. Lo cierto es que la finalidad de la filosofía pitagórica era conducir al hombre hacia el bien.

Walter Benjamin en su libro calle de dirección única propondría una manera de observar la vida filosóficamente, sobre todo en su primer aforismo intitulado: “Gasolinera”. Además, la literatura, al igual que la filosofía, está excluida de ser comprendida y de ser útil para recorrer el sendero que conduce hacia el bien. Importante es que el señor Benjamin considere a las convicciones victoriosas y fundamentales para la construcción de una vida. Si las convicciones superan el miedo a la vida es por la sencilla razón y eso si no hay otra razón de que en ellas sentimos la seguridad cual si fuera una filosofía propia. No hay confusión, el señor Benjamin encripta la vida práctica proponiendo un “lenguaje rápido y directo”. No hay mejor lenguaje que el simbolismo para comprender, sin añadir elementos hermenéuticos, rápido y directamente el mensaje. Lo que sucede en la vida es una serie de símbolos, más o menos claros, de lo importante que es vivir filosóficamente. Sin embargo, entender es todavía más importante que comprender. Sabe bien el señor Benjamin que no es lo mismo actuar estúpidamente que actuar más o menos correctamente. Citemos unos pequeños renglones del filósofo: “Nadie se coloca frente a una turbina y la inunda de lubricante. Se echan unas cuantas gotas en roblones y junturas ocultas que es preciso conocer.” ¿Qué habrá querido decir? ¿Primero conoce y luego vive o primero experimenta para conocer la vida?

Balzac pensaba que la filosofía era a la vez práctica y a la vez teórica. Suponiendo que Balzac tuviera mayor razón que Benjamin tendríamos que ponerlos cara a cara en el primer certamen de literatura metafórica. Admitiendo, claro está, que Balzac no es exponente de un realismo literario. ¿Sería una contradicción ese certamen de literatura o la realidad es sencillamente metafórica?

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