Todo mundo quiere ser una estrella de cine

Noche en la tierra

Lo que Gisele Bündchen no pudo hacer…

 

Todos conocemos la historia que hay detrás del surgimiento de algunos famosos: de no ser más que unos simples desconocidos, por un golpe de suerte, se convirtieron en grandes celebridades. Gisele, la supermodelo brasileña mejor pagada del mundo, encabeza la lista de muchos otros más que, de la misma forma que ella, obtuvieron el gran sueño americano (por supuesto, no estamos hablando de la familia perfecta, la casa grande en los suburbios, el auto y el perro, sino del dinero a borbotones, los autos y viajes de lujo, la fama y los paparazzi persiguiéndote día y noche). Pues bien, el cineasta independiente Jim Jarmusch, en su película titulada “Noche en la tierra” (1991), nos presenta la historia contraria.

La obra cinematográfica está compuesta por cinco historias diferentes, sucediendo en cinco ciudades distintas, cuya única relación es que todas transcurren en el interior de un taxi durante la enigmática noche. La primera narración, a mi parecer, es la de mayor genialidad. Relata el encuentro entre una mujer (Victoria) acomodada, de buena clase, educada y con un trabajo bastante peculiar –es agente de casting-; y otra mujer (Corky) que, por el contrario, es de clase baja, grosera, tosca, poco femenina y con un trabajo también peculiar –es taxista. Durante el trayecto hacia Beverly Hills, como era de esperarse, las dos mujeres conversan y, pese a sus grandes diferencias, hay un extraño entendimiento. Al finalizar el recorrido, Victoria le ofrece a Corky convertirse en una estrella de cine pues, por su forma de ser, resulta idónea para el personaje que anda buscando. Sin embargo, Corky rechaza su ofrecimiento aduciendo que su vida está bien de la forma en la que va, es taxista y quiere ser mecánico, eso es lo que realmente le importa. ¿Acaso Corky está loca?, ¿tiene baja autoestima o miedo al éxito, como dicen los psicólogos? O, simplemente, ¿es una mediocre?

No, el personaje de Jarmusch rechaza, decididamente, lo que la sociedad actual ha establecido como lo que hay que desear. Corky encarna a una persona que dice “no” al discurso de la igualación, de la homologación en las formas de ser y pensar. No estar interesada en convertirse en una estrella de cine significa no querer ser lo que la gran mayoría anhela: una persona famosa, glamurosa y millonaria; significa no querer obtener lo que todo el mundo sueña: viajes por el mundo entero, mansiones, joyas, fiestas y mujeres, ropa de diseñador, lujos exorbitantes etc.; significa no considerar que ser célebre y de clase alta es mucho mejor que ser desconocido y de baja clase; significa no vivir emulando –en la medida de nuestras posibilidades- la forma de vida de esa gente: su modo de hablar, de vestir y de actuar. En suma, Corky representa a una persona que no se avergüenza de ser lo que es, por el contrario, lo afirma; no quiere dejar de ser ella, no desea “mejorar” su posición: no vive deseando la vida de otros, como lo hace la mayoría. ¿Quién, realmente, podría rechazar convertirse en una estrella de cine?

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