Julieta de Pedro Almodóvar.

Almodóvar es un director de cine ya consagrado. Para muestra, hay una larga serie de películas como Todo sobre mi madre, La piel que habito, Hable con ella, Volver, etc. Y, la más reciente producción de Almodóvar no dejó de sorprenderme. Empezaré hablando por el personaje principal cuyo nombre –como ya lo suponemos- es Julieta. Una mujer que, a primera vista, es una persona exitosa. Bien posicionada, culta, con una carrera prominente y una relación amorosa que está a punto de consolidarse por un cambio de residencia a otro país. Sin embargo, un encuentro inusitado le derrumba su mundo, o más bien, la regresa al pasado del que no ha podido salir.

Por ello, quisiera caracterizar a Julieta como una mujer deprimida. Pero, por depresión, no quiero referirme a la “enfermedad” psiquiátrica en la que tus niveles de serotonina y dopamina están desajustados a causa de unas fallas de nuestros neurotransmisores. Nada más alejado de lo que el personaje de Julieta puede significar para mí. Si decimos que Julieta está deprimida es porque retomo su significado latino que es caída.

A raíz de este derrumbe es como Julieta nos permite adentrarnos a su pasado, a sus heridas: ella tiene una hija a la que no ha visto desde hace más de doce años. Las razones por las que se distanciaron, y los hechos que se suscitaron tras esta separación, Almodovar nos las va contando de una manera magistral. ¿Qué sucede cuando la culpa nos corroe el alma? ¿Quién está posibilitado para atribuir o redimir las culpas? ¿Acaso es cierta la sentencia que dicta que todos merecemos lo que tenemos? Estas son algunas preguntas que me han surgido al terminar de verla, pero no quisiera dejar de mencionar que el personaje de Julieta afronta dichas preguntas con total entereza y absoluta fortaleza. Julieta se ensimismó, sabía que nada haría cambiar su situación. No corrió a los brazos de un psiquiatra para que le recetara sus antidepresivos, ni recurrió a terapia para que le dijeran cómo rehacer su vida, no huyó ni fingió que todo estaba bien. Julieta se consumió en su dolor.

Por Laura Gómez

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